"¡México país surrealista!" exclamó André Bretón. Gran verdad que descubrí desde mis primeros paseos por sus campos y ciudades. Este mundo develado me vino a confirmar que el surrealismo se presenta en México de forma casi natural y que lo normal es la vivencia cotidiana de lo insólito que, en ocasiones, raya con lo absurdo.
La diversidad cultural que conforma este país y el amplio crisol de influencias que ha recibido a lo largo de su rica historia, contribuyen a configurar una superposición de realidades simultáneas donde lo irracional, lo onírico, lo lúdrico y lo caótico coexisten en un orden peculiar.
Nunca antes, como al llegar a México, sentí la necesidad de plasmar en la película esta nueva relación con un mundo mágico y fascinante, indócil y apacible, ilusorio y a la vez real; fundirme en el entorno con el devenir que respiro.
La fotografía me ayudó a interpretar este universo que se me abría paso a través del sentimiento y de todo lo que tenemos de sensorial y emotivo
Hay un equilibrio clásico en la composición de estas fotografías, y la temática -a la vez- contrasta fuertemente con ese clasicismo.
Ayudado por el uso de la profundidad de campo siempre plena, trato de lograr imágenes directas, sin retoques y respetando la realidad tal cual se me presenta en el momento del disparo.

Si lo absurdo surge en la obra, se debe en gran medida a una característica que define a México, la imbricación entre sus distintos planos de realidad.
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