Pan de muerto, considerado pan ceremonial porque se pone en las tumbas en honor de los difuntos (2 de noviembre). Las aportaciones prehispánica al actual pan mexicano son: maíz, pulque, anís, aguamiel, ajonjolí, cachuate, piloncillo y acitrón.

Una de las costumbres gastronómicas más arraigadas en México es acompañar los alimentos con pan fresco y caliente. Algunos de los muchos panes que deleitan a las familias son: las semitas, cocoles, palitos de manteca, bigotes, mantecadas, polvorones, campechanas, etc. Al terminar el virreinato en 1821 los reposteros parisienses se adueñaron del mercado del pan, y para la segunda mitad del s. XIX tenían panaderías, pastelerías en los principales puntos de la ciudad y en provincia. De esto se derivaron 2 costumbres: comer buenos bizcochos y la receta de la crema chantilly. Panaderos españoles y criollos inventaron hasta hoy unos 2,000 panes diferentes. La larga tradición popular se ha encargado de generar deliciosas especies de pan en distintos puntos del país: cochinitas de canela (Edo. de México), los picones (Jalisco), el pan de tuba (Colima), los bísquets (cafés chinos del D.F.), pan de pulque (Saltillo, Coahuila), sin olvidar el pan de muerto y rosca de reyes.

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